Antes de empezar una tarea, tu cerebro aún no ha construido un "mapa" claro de ella, lo que hace que el inicio se sienta incierto y por tanto más difícil. En cuanto pasan los primeros minutos, ese mapa toma forma y continuar se vuelve notablemente más fácil.
Por eso la resistencia antes de empezar algo no tiene que ver realmente con la tarea en sí, sino con ese umbral incierto. La mayoría de las veces, la parte más difícil no es el medio del trabajo, es justo el principio.
Una forma sencilla de sortearlo es empezar con el paso más fácil posible, sin intentar que los primeros cinco minutos sean perfectos. Una vez que el mapa existe, el resto tiende a fluir solo.
